sábado, 10 de febrero de 2007

La arrogancia moral de la izquierda

ABC 2007/02/10

"La izquierda ya no lidera el debate ideológico pero se cree con el derecho a controlarlo"
POR EDURNE URIARTE

La arrogancia moral de la izquierda
La campaña de la izquierda contra Telemadrid es, en primer término, una opción consciente por el juego sucio para denigrar la imagen del adversario político. Como ponía de relieve un análisis comparativo de este periódico el jueves, se trata de una campaña de acoso y derribo muy parecida a la que orquestó contra TVE en la pasada legislatura. Es una táctica electoral más, ahora para las próximas autonómicas de Madrid.

Pero es también una consecuencia más de la arrogancia moral de una izquierda encerrada en una torre de marfil ideológica con grandes problemas para aceptar la legitimidad de las posiciones de los demás. Al menor descuido, a la izquierda le sale la arrogancia moral que lleva dentro y reivindica su derecho natural a controlar la elaboración de ideas. Porque las suyas, cree, representan la verdad y las de los demás la manipulación. Esa arrogancia le dificulta enormemente reconocer que la manipulación es muy semejante en todas las televisiones. Que en las públicas prima el color del partido del gobierno, sea el suyo o el de la derecha. Y que en las privadas ocurre lo mismo, entre otras cosas, porque cada empresa privada hace una opción ideológica y, a veces, es aún más intensa que en las públicas. Hay privadas en las que uno no sabe si le habla Moraleda o el presentador del informativo, pero la izquierda lo llama, probablemente, objetividad.

André Glucksmann explicaba recientemente en un artículo en El País las razones por las que ha decidido apoyar públicamente por primera vez a la derecha. Lamentaba la pérdida de protagonismo de la izquierda francesa en el combate de ideas y criticaba que «la izquierda oficial francesa se cree infalible moralmente e intocable intelectualmente». El problema es exactamente igual en la izquierda española. Y, con el ingrediente añadido de nuestras circunstancias históricas, le ha llevado a constantes actitudes de intolerancia y sectarismo ideológico e intelectual. Todo ello con la estrecha colaboración de esa mayoría de izquierdas que aún domina los círculos culturales. La izquierda ya no lidera el debate ideológico pero se cree con el derecho a controlarlo.

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