martes, 12 de septiembre de 2006

Recuerda

EL PAÍS 12/09/06

ROSA MONTERO

Recuerda
¿Sabes dónde está Darfur? Es una región del oeste de Sudán. ¿Y Sudán? Justo debajo de Egipto. ¿Y recuerdas que en Darfur padecen una sucia guerra desde hace tres años? Vagamente, ¿verdad? Nos suena que Darfur es un moridero, uno de esos puntos de absoluta negrura en los que preferimos no pensar. No cabe duda de que nos interesamos muchísimo más por otras víctimas, por las de Irak o las del Líbano, pongo por caso, entre otras cosas porque esos conflictos pueden ser un peligro para nosotros. Mientras que los desdichados habitantes de Darfur, en fin, pobrecitos, sí, pero aunque mueran todos como ratas, no nos ponen en riesgo. Y eso es lo que están haciendo en realidad, morir y sufrir en un estruendoso silencio, en la desatención más absoluta. Para peor, en Darfur se firmó un supuesto acuerdo de paz el pasado mayo, lo cual nos dio una buena excusa para cerrar los ojos. Pero el tratado sólo lo firmaron dos de las partes en conflicto, y hay más grupos rebeldes. Según fuentes locales, ahora las condiciones de seguridad son peores que nunca. Hay más de tres millones y medio de personas que dependen enteramente de la ayuda humanitaria para sobrevivir, dos millones viviendo en campamentos. Muchas zonas de Darfur son inaccesibles por la guerra, de manera que desde julio más de medio millón de personas no han podido recibir alimentos. Hay brotes de cólera, mujeres y niñas son violadas en los campamentos y la violencia es brutal. El presidente de Sudán se niega a aceptar el despliegue de las fuerzas de la ONU, que sería la única manera de detener el horror. Esa comunidad internacional que se ha esforzado tanto para meter a la ONU en el Líbano, ¿no va a intentar hacer lo mismo en Darfur? ¿Por qué nos preocupamos tan poco por esa inmensa tragedia? ¿Sólo se nos mueven los escrúpulos cuando nuestros intereses están en juego? Una nota alentadora: justamente hoy Save the Children presenta su plan Reescribamos el futuro para educar, de aquí a 2010, a ocho millones de niños de países en guerra, la mayoría africanos. Y da un dato alucinante: la esperanza de vida aumenta más de un 2% por cada incremento de un 1% de alfabetización. O sea, se pueden hacer cosas. Por favor, no olvidemos Darfur, no olvidemos África.

viernes, 8 de septiembre de 2006

Riesgo y especulación

La Gaceta de los Negocios 08/09/06

Fernando Méndez Ibisate
"Todo lucro que se obtiene contraviniendo la libertad y la competencia es abusivo"

Riesgo y especulación
PERMÍTANME aplicar al ámbito económico los argumentos de mi anterior artículo, “Riesgo y responsabilidad”, para analizar los errores graves en que incurre el pensamiento, oficial e intelectual, correcto y único, en cuestiones como el lucro y la especulación.El lucro, junto al coste, aparece en cualquier actividad humana, sea o no honorable. Un trabajador que emplea su capacidad, conocimiento y destreza se lucra, se beneficia, desde el momento en que pone su actividad a disposición del mercado, riesgo incluido. Lo mismo ocurre con el empresario, que también utiliza sus habilidades y normalmente incurre en riesgos más complejos y mayores. Sólo cuando la actividad no es honrada, el lucro pasa a ser despreciable. Pero el lucro no es indigno en sí mismo.Tampoco tiene sentido hablar de lucro excesivo o injusto en sí mismo (por ejemplo, cuando una empresa obtiene enormes beneficios), salvo que hagamos referencia a formas o fórmulas de obtenerlo amorales, delictivas o contrarias al derecho. En ese caso sí existe lucro o beneficio injusto o ilícito; no excesivo, porque aunque fuese de un céntimo sería impropio. Todo lucro que se obtiene contraviniendo la libertad y la competencia es abusivo. Y es una forma de explotación a los individuos.La especulación, como cualquier otra actividad no delictiva u honrada es digna de lucro o recompensa. De lo contrario no se realizaría, con gran pérdida para el progreso humano. Al tratarse de una actividad intrínseca del mercado no suele entenderse bien, y se confunde con estafa. La estafa sí es despreciable, pero no la especulación, que no es sino la actividad de comerciar. Gracias al comercio la humanidad ha progresado y resuelto una parte de sus problemas y necesidades sin recurrir a la violencia. La especulación, el comercio, consiste en el proceso de cambiar o, como decía Marx, transformar un activo (normalmente monetario por su cambio y aceptación universal, en representación de los bienes) por mercancías, para su ulterior transformación en activo monetario. El proceso genera una lógica ganancia que, sin embargo, suele ser mal comprendida y aceptada.Pero el especulador que, tanto hoy como en el siglo XVII, trae alfombras desde el lejano Oriente hasta Europa, las almacena y las vende por dinero, realiza un servicio a la sociedad. El desarrollo del mercado y el tecnológico a él unido, el desarrollo institucional, la globalización, como ahora se denomina, han permitido que hoy, cada vez más personas, podamos acceder a una alfombra (y su mantenimiento) sin precisar de elevadas riquezas o posición social.Esta especulación se realiza en el espacio. Pero existe otra, no menos importante, que se realiza en el tiempo (mercados financieros y de cambios, bolsas de valores, futuros, seguros...). El especulador, que pone a disposición de cualquiera que lo demande un producto distinto o distante, sea en lugar o tiempo, realiza la misma digna actividad que el productor de pan o ladrillos. Y cualquiera, panadero, albañil o especulador, puede convertirse en un estafador, o peor, si hace mal o delinque en su actividad.Más aún, todas las actividades productivas reales tienen también enormes componentes de riesgo y especulación, como por ejemplo las decisiones concatenadas que afectan a cualquier producción agropecuaria. La especulación, en cualquiera de sus formas, y los mercados denominados “especulativos”, mediante la asunción y difuminación de riesgos, la absorción de errores y la mayor eficiencia en alcanzar acuerdos o equilibrios, permiten diversificar las tareas y ampliar la especialización, incrementando la productividad y elevando la riqueza de las sociedades, como explicaba Adam Smith.Los procesos de mercado, los meros intercambios, si son libres y sin engaño, crean riqueza. No sólo la producción eficiente. Ello explica que un individuo logre una casa a partir de un simple clip de papelería. No por casualidad, cuando se intervienen los mercados, cuando aparece la decisión administrativa, la mano burocrática, la información privilegiada mediante actos gubernativos, las actividades, también la especulación o la empresa, igual que la política y la burocracia, hacen ganancias o rentas ilícitas.

lunes, 4 de septiembre de 2006

Lecciones de la Historia

Expansión 04/09/06

Tom Burns Marañón

Lecciones de la Historia
Hace bastantes más años de los que quisiera recordar cuando andaba yo muy desorientado porque comenzaba a estudiar Historia en Oxford, el futuro catedrático José Varela Ortega entró con prisas en la habitación de mi college, habitación que daba a un magnífico claustro medieval, diciendo que tenía que acompañarle en aquel mismo instante. Corriendo a través del claustro detrás de él, me enteré de que me llevaba a una clase magistral que dentro de pocos minutos iba a comenzar a impartir Karl Popper, personaje que yo desconocía por completo en aquel entonces.
Varela Ortega, mayor que yo y cuya amistad había heredado de padres y abuelos, estaba finalizando una tesis sobre la política de la Restauración y fue, en cierta manera, mi Cicerón particular durante el inicial encontronazo que supuso entrar en el refinado ambiente académico de la antigua universidad. Me presentó en aquellos días a un compañero de doctorado, el también futuro catedrático Juan Pablo Fusi, que investigaba la política vasca del primer tercio del siglo XX y que, al igual que él, había llegado a Oxford para estudiar bajo la batuta del gran historiador que es Raymond Carr. Por razones que paso a explicar, he tenido tanto a Varela Ortega como a Fusi muy presentes en los días preparatorios del nuevo curso político. Aunque por motivos diametralmente opuestos, ya que ahora la sapiencia brilla por su ausencia, este nuevo curso me parece tan desconcertante como aquel comienzo universitario mío hace ya tantos años.Segunda República y CataluñaEl lunes pasado, en un curso en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, escuché a Fusi hablar sobre la II República y Cataluña, y concretamente sobre Manuel Azaña y el Estatut de 1932. Conozco el memorial de agravios que Azaña dejó de testamento, en su Diario y en La Velada de Benicarló, contra la Generalitat y los catalanes. Se sintió traicionado en toda regla. Sin embargo, no había caído en la cuenta de que Azaña conoció Cataluña muy tardíamente al viajar en 1930 a Barcelona en compañía de otros intelectuales castellanos en un encuentro propiciado por el Ateneo madrileño y el Ateneu de la Ciudad Condal. En esta excursión, repleta de banquetes, discursos y ofrendas florales, Azaña quedó poco menos que embrujado por el hecho diferencial, la personalidad, historia, lengua y cultura de Cataluña, que, dentro del entusiasmo generalizado de esas jornadas hermanamiento, le servía en bandeja el nacionalismo catalán. Tampoco sabía hasta qué punto Azaña puso “toda la carne en el asador”, en expresión de Fusi, para convencer a sus correligionarios de Izquierda Republicana y a sus aliados del PSOE para conseguir la aprobación del Estatut. Azaña quería a toda costa contar con los nacionalistas catalanes para su proyecto republicano.De Azaña, y concretamente del sectarismo de sus pares en la II República y de la intransigencia de todos ellos –intransigencia que, según Azaña, sería el “síntoma de la honradez”–, ha escrito estos días pasados el profesor Varela Ortega en tres importantes artículos que publicó sucesivamente un diario nacional. Varela Ortega reivindica la Transición Política del postfranquismo como ejemplo de concordia, de estilo civilizado de transacción y voluntad de pacto y lo contrasta con el sectarismo de quienes crearon un régimen sólo para republicanos. “Contrariamente a lo que hoy se sostiene,” escribe, “nuestra democracia actual no tiene como modelo originario la II República. Más bien la tiene como contra-modelo.” La voluntad de pacto fue el ADN de quienes nacieron entre los pronunciamientos y las carlistadas y el sexenio revolucionario de la época isabelina del XIX; sus líderes, Cánovas y Sagasta, hombres forjados en el liberalismo parlamentario, acordaron el turno pacífico como piedra angular de la Restauración. El pactismo fue denostado como pasteleo por la intransigente generación del 14, que fue la de Azaña, pero fue de nuevo la seña de identidad para la generación de la Transición, una generación criada, una vez más, entre el fracaso de la convivencia nacional y la ausencia de libertad. Hoy, de nuevo, el pactismo es políticamente incorrecto y, sectariamente, se retrata la Transición como un tiempo de claudicación y de miedo. Las reflexiones de estos dos ilustres historiadores son útiles para encarar el nuevo curso político. Es útil, por ejemplo, a la semana de una Diada que promete ser esperpéntica por radical, tener presente que el nacionalismo catalán no comparte agenda con el buenismo de Zapatero al igual que no la compartió con el regeneracionismo nacional de Azaña. En este nuevo curso toca el soberanismo de Ibarretxe y es útil recordar que, en este caso sí, Azaña tuvo un desprecio olímpico por los nacionalistas vascos.Por encima de todo, es necesario ser consciente de la amargura de tanto prohombre de la II República, la del mismo Azaña, cuando en la derrota y en el exilio reconocieron los errores de su intransigencia, de su sectarismo y su exclusivismo, y, por qué no decirlo, de su buenismo, enfermedad propia de dogmáticos inocentones. Confieso que el nuevo curso político me llena de desconcierto. Habrá que tomar vitaminas: releer La sociedad abierta y sus enemigos de Popper, cosa que hice al día siguiente de escucharle, gracias a Varela Ortega, hace tantos años, y a otros clásicos liberales… y mucha historia.

viernes, 1 de septiembre de 2006

Educación y libertad

La Gaceta de los Negocios 01/09/06

ALICIA DELIBES
“La gran falacia socialista se basa en que sólo el sistema público de enseñanza es el socialmente justo”

Educación y libertad
LAS primeras leyes que debían regular el establecimiento de escuelas, universidades y otros centros de instrucción pública en España dimanan de la Constitución española de 1812. Los liberales sitiados en Cádiz decidieron que en todos los pueblos de España se establecieran escuelas en las que se enseñara a los niños a actividades como leer, escribir y hacer cuentas, además del catecismo de la doctrina cristiana.
Durante el siglo XIX, los políticos de ideas liberales fueron conscientes del peligro que para la libertad individual suponía el hecho de que el Estado se ocupara de la formación de los ciudadanos; de ahí que mantuvieran como principio incuestionable la defensa de la libertad de enseñanza, lo que suponía el respeto a la iniciativa privada a la hora de abrir escuelas y colegios.
En el preámbulo de un plan de instrucción pública, que es poco conocido porque apenas llegó a estar vigente unos días, el plan del duque de Rivas de 1836, se pueden leer unos párrafos que ilustran bien sobre esa preocupación del Estado por no entrometerse en lo que se consideraba un sagrado deber y derecho de las familias: la educación de los hijos.“El pensamiento es de suyo la más libre entre las facultades del hombre; y por lo mismo han tratado algunos gobiernos de esclavizarlo de mil modos; y como ningún medio hay más seguro para conseguirlo que el de apoderarse del origen de donde emana, es decir, de la educación, de aquí sus afanes por dirigirla siempre a su arbitrio, a fin de que los hombres salgan amoldados conforme conviene a sus miras e intereses. Mas si esto puede convenir a los gobiernos opresores, no es de manera alguna lo que exige el bien de la humanidad ni los progresos de la civilización. Para alcanzar estos fines, es fuerza que la educación quede emancipada; en una palabra, es fuerza proclamar la libertad de enseñanza.”
Sin embargo, esa defensa a ultranza de la libertad de enseñanza, que había sido uno de los principios genuinamente liberales, irá desapareciendo al terminar el siglo XIX. Quizás fuera porque los políticos liberales de las primeras décadas del siglo XX, obsesionados con el poder de la Iglesia para impedir que la enseñanza religiosa siguiera extendiéndose, renunciaron a lo que hasta entonces había sido esencial en su política educativa: favorecer la iniciativa privada para evitar que el Estado monopolizara la educación de los ciudadanos.
Llegado un momento, aquellos políticos liberales, faltos de ideas para elaborar un pensamiento propio sobre la instrucción pública, adoptaron el modelo pedagógico de la Institución Libre de Enseñanza, la ILE, fundada por Francisco Giner de los Ríos. Es preciso saber que en esos primeros años del siglo XX, los llamados institucionistas habían hecho suya la filosofía educativa de Rousseau: eran anticlericales y no tenían remilgo alguno en recibir los favores del Estado.
Por otra parte, la ILE, desde su fundación, había defendido el modelo unificado de escuela, es decir aquel donde todos los escolares reciben la misma instrucción desde la primaria a la universidad, sin establecer diferencia alguna entre enseñanza primaria y secundaria; un modelo que los socialistas españoles hacen suyo a partir del Congreso Nacional del PSOE de 1918. Desde entonces, la izquierda española se ha sentido siempre identificada con la pedagogía de los discípulos de Giner.
Probablemente, si aquellos políticos liberales de principios del siglo XX se hubieran preocupado por elaborar una teoría sobre la educación de acuerdo con sus convicciones, hubieran podido darse cuenta de que, como dijo Isaiah Berlin, Rousseau fue “uno de los más siniestros y más formidables enemigos de la libertad en toda la historia del pensamiento moderno”.
Y, quizás, en ese caso, no se habría llegado a la situación actual en la que, no solamente no se encuentra ni rastro de pensamiento liberal en la escuela pública, sino que, además, su profesorado se ha dejado engañar por la gran falacia socialista de que sólo el sistema público de enseñanza garantiza la igualdad de oportunidades, es socialmente justo y respeta la libertad de conciencia.

jueves, 31 de agosto de 2006

Incoherencia

La Gaceta de los Negocios 31/08/06

José Luis González Quirós

Incoherencia
Cuando hoy se piensa en caracterizar a la izquierda, hay un cierto acuerdo general en que se ha producido una mutación bastante radical de muchos de sus principios y posiciones, digamos, tradicionales. Pero hay una cosa esencial que, a mi entender, no ha variado. Y es que la izquierda se nutre de crearse una imagen de excelencia, de progreso, de todo lo bueno; pero puede seguir haciéndolo porque, para la izquierda, los ejemplos que muestran lo ilusorias y perjudiciales que han resultado sus propuestas no significan nada.
Si la realidad no resulta ser como ellos dijeron que sería, peor para la realidad. Esta realidad no puede arruinar nunca una propuesta atractiva y útil para que la izquierda pueda alcanzar y disfrutar el poder. En este rasgo, curiosamente, la izquierda se asemeja enormemente a algunos grandes capitalistas que han hecho sus fortunas al margen de cualquier buena teoría y, de ahí, que el pacto entre ellos no resulte en absoluto extraño.
¿Qué nos importa la realidad mientras podamos contarla a nuestro modo, y el público siga comprando el discurso del deseo y de los buenos sentimientos? La izquierda no necesita ser coherente, lo único que necesita es ganar sean cuáles sean las reglas: si los votos salen, mejor; pero si no salen, ya inventaremos algo. El cambio de las reglas del juego, que es impensable entre caballeros, resulta moneda de curso corriente para el buen izquierdista. La ley del embudo debería ser su emblema en lugar de cualquier flor inocente y simétrica.

miércoles, 30 de agosto de 2006

El método de ZP

ABC 30/08/06

CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS

El método de ZP
He escrito en esta columna, más de una vez, que los éxitos políticos están reñidos con Zapatero, que este va de fracaso en fracaso y que si esto no es visto así por las gentes es, en buena medida, por el arrastre de opinión que viene de la victoria del 14 M, por la estructura informativa de nuestro sistema y porque las fórmulas de «Gobierno» de Zapatero son muy subyugadoras, en la medida que no exigen compromisos morales sino que, por el contrario, descargan la realidad de dramatismo y rehuyen sistemáticamente las soluciones traumáticas. Eso sí, las situaciones terminan por empeorar y los dramas acaban por convertirse en tragedias.
He aquí un listado de ejemplos:
-Ante los problemas territoriales, Zapatero ha optado por convertir las regiones en naciones.
-Frente al terrorismo local ha decidido aceptar sus exigencias y, de este modo, le está convirtiendo en el vencedor.
-Achaca la existencia del terrorismo internacional a una neurosis de la derecha española y del imperialismo americano.
-En relación con la crisis del agua, descarta la solución del reparto y la busca en el reciclaje costosísimo y peligroso del agua cuya vuelta al mar ha permitido previamente.
-Tapa la crisis de las instituciones tradicionales invalidándolas cultural y moralmente por obsoletas.
-Y, por poner un último ejemplo, afronta el problema social más grave de nuestro tiempo, como es la emigración, por el suicida procedimiento de abrir las fronteras.
Como se ve, la técnica de Zapatero es la de ponerse de perfil como gobernante, desdramatizando las situaciones, lo que siempre agradece una sociedad con muy escasas reservas morales. Pero, lógicamente, el tiempo corre, las situaciones se enrarecen y termina por aparecer la tragedia. Así, en el caso de la emigración. En su día, Zapatero se enfrentó a la política «inhumana» de la derecha, hizo una regularización irresponsable y proclamó a los cuatro vientos la ejemplar e izquierdista solución española. El «efecto llamada» que produjo Caldera, hoy está matando a miles de senegales, mauritanos, marroquíes..., mientras la inmensa muchachada progre busca los responsables en el injusto reparto de la riqueza mundial, el capitalismo y la globalización...
El método de Zapatero es claro. Queda por ver cuál es su fecha de caducidad. Esto es: cuándo un par de millones de sus votantes dan la espalda a un gobernante que busca la solución de los problemas en su pudrimiento.

lunes, 28 de agosto de 2006

Gunter Grass, en la picota

EL PAÍS 27/08/06

MARIO VARGAS LLOSA

Gunter Grass, en la picota
No entiendo las proporciones desmesuradas que ha tomado en el mundo la revelación, hecha por él mismo, de que Günter Grass sirvió unos meses, a los 17 años, en la Waffen-SS y de que ocultó 60 años la noticia, haciendo creer que había sido soldado en una batería antiaérea del Ejército regular alemán. Aquí, en Salzburgo, donde paso unos días, no se habla de otra cosa y los periodistas que la editorial Suhrkamp envía a entrevistarme apenas si me preguntan sobre mi última novela, recién publicada en Alemania, porque lo que les interesa es que comente "el escándalo Grass".
No tenía la menor intención de hacerlo, pero como ya circulan supuestas declaraciones mías sobre el tema en las que no siempre me reconozco, prefiero hacerlo por escrito y con mi firma. No me sorprende en absoluto que Grass ocultara su pertenencia a una tropa de élite visceralmente identificada con el nazismo y que tuvo tan siniestra participación en tareas de represión política, torturas y exterminación de disidentes y judíos, aunque, como ha dicho, él no llegara a disparar un solo tiro antes de ser herido y capturado por los norteamericanos. ¿Por qué calló? Simplemente porque tenía vergüenza y acaso remordimientos de haber vestido aquel uniforme y, también, porque semejante credencial hubiera sido aprovechada por sus adversarios políticos y literarios para descalificarlo en la batalla cívica y política que, desde los comienzos de su vida de escritor, Günter Grass identificó con su vocación literaria.
¿Por qué decidió hablar ahora? Seguramente para limpiar su conciencia de algo que debía atormentarlo y también, sin duda, porque sabía que tarde o temprano aquel remoto episodio de su juventud llegaría a conocerse y su silencio echaría alguna sombra sobre su nombre y su reputación de escritor comprometido, y, como suele llamársele, de conciencia moral y cívica de Alemania. En todo esto no hay ni grandeza ni pequeñez, sino, me atrevo a decir, una conducta impregnada de humanidad, es decir, de las debilidades connaturales a cualquier persona común y corriente que no es, ni pretende ser, un héroe ni un santo.
¿Afecta lo ocurrido a la obra literaria de Günter Grass? En absoluto. En la civilización del espectáculo que nos ha tocado vivir, este escándalo que parece ahora tan descomunal será pronto reemplazado por otro y olvidado. Dentro de pocos años, o incluso meses, ya nadie recordará el paso del escritor por la Waffen-SS y, en cambio, su trilogía novelesca de Danzig, en especial El tambor de hojalata, seguirá siendo leída y reconocida como una de las obras maestras de la literatura contemporánea.
¿Y sus pronunciamientos políticos y cívicos que ocupan una buena parte de su obra ensayística y periodística? Perderán algo de su pugnacidad, sin duda, sus fulminaciones contra los alemanes que no se atrevían a encararse con su propio pasado ni reconocían sus culpas en las devastaciones y horrores que produjeron Hitler y el nazismo, y se refugiaban en la amnesia y el silencio hipócrita en vez de redimirse con una genuina autocrítica. Pero, que quien estas ideas predicaba con tanta energía tuviera rabo de paja, pues él escondía también algún muerto en el armario, no significa en modo alguno que aquellas ideas fueran equivocadas ni injustas.
La verdad es que muchas de las tomas de posición de Günter Grass han sido valientes y respetables, y lo siguen siendo hoy día, pese al escándalo. Lo dice alguien que discrepa en muchas cosas con él y ha sostenido con Günter Grass hace algunos años una polémica bastante ácida. No me refiero a su antinorteamericanismo estentóreo y sistemático, que lo ha llevado a veces, obsedido por lo que anda mal en los Estados Unidos, a negar lo que sí anda bien allá, sino a que, durante los años de la Guerra Fría, una época en la que la moda intelectual en Europa consistía en tomar partido a favor del comunismo contra la democracia, Günter Grass fue uno de los pocos en ir contra la corriente y defender a esta última, con todas sus imperfecciones, como una alternativa más humana y más libre que la representada por los totalitarismos soviético o chino. Tampoco se vio nunca a Günter Grass, como a Sartre, defendiendo a Mao y a la revolución cultural china, ni buscando coartadas morales para los terroristas, como hicieron tantos deconstruccionistas frívolos en las épocas de Tel Quel. Pese a sus destemplados anatemas contra los gobiernos y la política de Alemania Federal, Günter Grass hizo campaña a favor de la socialdemocracia y prestó un apoyo crítico al gobierno de Willy Brandt en lo que demostró, ciertamente, mucha más lucidez y coraje político que tantos de sus colegas que irresponsablemente tomaban, sin arriesgar un cabello, eso sí, el partido del Apocalipsis revolucionario.
Mi polémica con él se debió justamente a que me pareció incoherente con su muy respetable posición en la vida política de su país que nos propusiera a los latinoamericanos "seguir el ejemplo de Cuba". Porque si el comunismo no era, a su juicio, una opción aceptable para Alemania y Europa, ¿por qué debía serlo para América Latina? Es verdad que, para muchos intelectuales europeos, América Latina era en aquellos años -lo sigue siendo para algunos retardados todavía- el mundo donde podían volcar las utopías y nostalgias revolucionarias que la realidad de sus propios países había hecho añicos, obligándolos a resignarse a la aburrida y mediocre democracia.
Grass ha sido uno de los últimos grandes intelectuales que asumió lo que se llamaba "el compromiso" en los años cincuenta con una resolución y un talento que le ganaron siempre la atención de un vasto público, que desbordaba largamente el medio intelectual. Es difícil saber hasta qué punto sus manifiestos, pronunciamientos, diatribas, polémicas, influyeron en la vida política y tuvieron efectos sociales, pero no hay duda de que en el último medio siglo de vida europea, y sobre todo alemana, las ideas de Günter Grass enriquecieron el debate cívico y contribuyeron a llamar la atención sobre problemas y asuntos que de otra manera hubieran pasado inadvertidos, sin el menor análisis crítico. A mi juicio, se equivocó oponiéndose a la reunificación de Alemania y, también, poniendo en tela de juicio la democratización de su país, pero, aun así, no hay duda de que esa vigilancia y permanente cuestionamiento que ha ejercido sobre el funcionamiento de las instituciones y las acciones del gobierno es imprescindible en una democracia para que ésta no se corrompa y se vaya empobreciendo en la rutina.
Tal vez el formidable escándalo que ahora rodea su figura tenga mucho que ver con esa función de "conciencia moral" de la sociedad que él se impuso y que ha mantenido a lo largo de toda su vida, a la vez que desarrollaba su actividad literaria. No me cabe duda de que Günter Grass es el último de esa estirpe, a la que pertenecieron un Victor Hugo, un Thomas Mann, un Albert Camus, un Jean-Paul Sartre. Creían que ser escritor era, al mismo tiempo que fantasear ficciones, dramas o poemas, agitar las conciencias de sus contemporáneos, animándolos a actuar, defendiendo ciertas opciones y rechazando otras, convencidos de que el escritor podía servir también como guía, consejero, animador o dinamitero ideológico sobre los grandes temas sociales, políticos, culturales y morales, y que, gracias a su intervención, la vida política superaba el mero pragmatismo y se volvía gesta intelectual, debate de ideas, creación.
Ningún joven intelectual de nuestro tiempo cree que ésa sea también la función de un escritor y la sola idea de asumir el rol de "conciencia de una sociedad" le parece pretenciosa y ridícula. Más modestos, acaso más realistas, los escritores de las nuevas generaciones parecen aceptar que la literatura no es nada más -no es nada menos- que una forma elevada del entretenimiento, algo respetabilísimo desde luego, pues divertir, hacer soñar, arrancar de la sordidez y la mediocridad en que está sumido la mayor parte del tiempo el ser humano, ¿no es acaso imprescindible para hacer la vida mejor, o por lo menos más vivible? Por otra parte, esos escritores que se creían videntes, sabios, profetas, que daban lecciones, ¿no se equivocaron tanto y a veces de manera tan espantosa, contribuyendo a embellecer el horror y buscando justificaciones para los peores crímenes? Mejor aceptar que los escritores, por el simple hecho de serlo, no tienen que ser ni más lúcidos ni más puros ni más nobles que cualquiera de los otros bípedos, esos que viven en el anonimato y jamás llegan a los titulares de los periódicos. Tal vez sea ésa la razón por la que, con motivo de la revelación de su paso fugaz por la Waffen-SS cuando era un adolescente, haya sido llevado Günter Grass a la picota y tantos se encarnicen estos días con él. No es con él. Es contra esa idea del escritor que él ha tratado de encarnar, con desesperación, a lo largo de toda su vida: la del que opina y polemiza sobre todo, la del que quiere que la vida se amolde a los sueños y a las ideas como lo hacen las ficciones que fantasea, la del que cree que la del escritor es la más formidable de las funciones porque, además de entretener, también educa, enseña, guía, orienta y da lecciones. Esa era otra ficción con la que nos hemos estado embelesando mucho tiempo, amigo Günter Grass. Pero ya se acabó.

lunes, 10 de julio de 2006

Reforma o derribo

El País 09/07/06

Ignacio Sotelo

Reforma o derribo
Para entender la situación tan nebulosa que estamos viviendo, importa ante todo no ofuscarse con lo que aparece en un primer plano, sin tomar en consideración el trasfondo en el que se inserta. La inevitable negociación con ETA acaparará por mucho tiempo la atención pública como si fuera la cuestión principal. La vía violenta hacia la independencia se ha desplomado por muy diferentes causas -la campaña internacional contra el terrorismo después del 11-S, la matanza del 11-M, los éxitos policiales por una mejor coordinación con Francia, la desarticulación de su aparato logístico y financiero, la ilegalización de Batasuna y un largo etcétera-, pero sobre todo porque ha dejado de contar con el apoyo social de que gozó en su día. Una vez que el nacionalismo independentista ha llegado al convencimiento de que el terrorismo se ha convertido en el mayor obstáculo para acercarse a sus metas, ETA ha perdido toda significación. El único riesgo en esta última fase es que arrancase concesiones, acudiendo al chantaje de que podría interrumpir el proceso, lo que está fuera de su alcance. El Gobierno, sin apresurarse, el tiempo trabaja a su favor, tiene la obligación de permanecer firme, aunque facilitando que llegue el final lo antes posible. En esta coyuntura, convendría que la opinión pública se mantuviese distante, a la vez que Gobierno y oposición practicaran una discreción que hasta ahora ha brillado por su ausencia. Si el fin de ETA seguro que se logra más bien antes que después, y tanto más rápido, cuanto menos sean los aspavientos, el mayor riesgo que corremos es que, tras la bambalina de las negociaciones, queden ocultos algunos de los graves problemas que se ciernen sobre nosotros. El que ahora más me preocupa es que sigamos obsesionados por el curso de las negociaciones desde intereses predominantemente partidarios, hasta ahora fuente de innumerables errores, cuya acumulación a la larga podría resultar catastrófica. Más que el fin definitivo de ETA, la polémica gira en torno al partido que lo consiga, que a su vez depende del cuándo, y sobre todo con qué consecuencias para los próximos procesos electorales. Únicamente en estos términos se entiende la agria polémica sobre la negociación con ETA, que ha puesto de relieve el mayor mal que aqueja a la política española: la voluntad de los ciudadanos ha quedado suplantada por la de los partidos. Aunque suene mal, y se señale con el dedo al que lo diga, el hecho es que más que una "democracia" -poder del pueblo- hemos construido una "partitocracia" -poder de los partidos- en manos de sus cúspides. Fue el precio que tuvimos que pagar por el tipo de transición que parecía menos traumática. Después de los largos decenios de dictadura, ante la ensalada de siglas, lo aceptamos como el mal menor que nos permitía al menos articular la sociedad en libertad y construir el Estado de las autonomías. Los partidos, no los ciudadanos, eligen a los que luego nos van a representar en el Parlamento. Y a través de unas Cortes que controlan los partidos, pero que se arrogan detentar la soberanía popular, han invadido incluso el Poder Judicial, de modo que el Ejecutivo dispone de los tres poderes del Estado. En efecto, la separación de poderes ha perdido toda vigencia en nuestro sistema y lo más embarazoso es que nadie la echa de menos. A la ciudadanía únicamente le queda la posibilidad de cambiar cada cuatro años la elite de un partido por la de otro. Un sistema electoral que pensamos que tendría un carácter provisional, imprescindible en un primer momento para consolidar una democracia incipiente, se ha convertido en definitivo, sin la menor posibilidad de que lo modifiquemos. En la historia política de España lo que más ha durado ha sido siempre lo provisional. Nuestro destino parece que ha sido el que los regímenes políticos, antes o después, terminen por caer, sin haber llevado a cabolas reformas que hubiesen sido necesarias para acomodarse a unas condiciones siempre cambiantes. Todo permanece intacto, hasta que el edificio un día se desploma. La distancia entre la clase política con sus intereses particulares -el principal, sobrevivir como clase- y la sociedad española, cada vez más heterogénea y dinámica, no ha hecho más que aumentar sin que nadie se dé por aludido. Las reyertas entre los partidos cansan cada vez más a mayor número de ciudadanos; los partidos y las instituciones pierden prestigio, y de nuevo asoma en el horizonte la vieja distinción entre la España real y la España oficial que caracterizó a la primera Restauración. La forma en que se ha desarrollado el nuevo Estatuto de Cataluña es ejemplar a este respecto: una contienda entre partidos, con una lectura exclusivamente partidaria, a la que ha dado la espalda una buena parte de la sociedad española. El que el proceso de reforma estatutario desemboque en un referéndum debiera ser algo consustancial, y no meramente la guinda democrática que se coloca cuando la tarta está cocinada. Otro sería el comportamiento de los partidos si la ley orgánica que regula las distintas modalidades de referéndum de 1980 hubiera establecido un quórum de participación de al menos el 50% de los electores inscritos en el censo. Pero nuestra clase política está acostumbrada a subirse al trapecio con la seguridad de que cae en la red, de modo que poco les afecta el comportamiento ciudadano. Se nos viene encima una racha de nuevos estatutos, que serán aprobados en referéndum con participación sensiblemente más baja que la obtenida en Cataluña. No tengan cuidado; lo único que no se reformará es la ley, exigiendo por lo menos para los referéndum constitucionales, es decir, aquellos que la Constitución obliga a celebrar, un quórum presentable. El sistema electoral es con todo el factor principal de la distancia creciente entre sociedad y clase política, al implicar un traspaso del poder originario de manos de los ciudadanos a las de los partidos. En principio, se llama proporcional, pero con la enorme desviación de haber constituido a la provincia en distrito electoral y limitar el número de diputados en el Congreso. (La aplicación de la regla d'Hondt es significativa sólo en este contexto). Si a ello se añade el sistema de "listas cerradas y bloqueadas", las personas elegidas dependen únicamente de los partidos que los han puesto en las listas en un lugar de salida, sin el menor contacto con los ciudadanos que han votado estas listas. Por mucho que la Constitución prohíba el "mandato imperativo", los elegidos representan a las cúspides de los partidos que los han colocado en la lista, y que los pueden quitar en las próximas elecciones, y de manera simbólica y sin relación directa pretenden representar a los ciudadanos que votaron su lista. El sistema electoral vigente implica una perversión del principio fundamental de representación que no sólo cuestiona el valor de nuestra democracia representativa, sino que tiene efectos dañinos en la relación fundamental entre los ciudadanos y sus representantes. Ahora bien, el sistema favorece de tal forma el poder de las elites partidarias que es impensable que éstas acepten una modificación sustancial. La fosa entre la España real y la España oficial seguirá aumentando. La primera Restauración duró medio siglo hasta que la derrumbó el golpe de Primo de Rivera. La segunda permanece ya 30 años, pero en este último tiempo se ha acelerado el distanciamiento de la ciudadanía de las instituciones, debido en buena parte a los conflictos que conlleva la organización política de los distintos territorios, cuestión que la Constitución ha dejado abierta sin posibilidad de cerrarla, a menos que se llevara a cabo una reforma a fondo, altamente improbable. Si la cuestión social - en último término, la incapacidad de integrar en el sistema político a la clase obrera naciente- hizo inviable la primera Restauración, la dinámica centrífuga que ampara la Constitución de 1978 podría ser la causa del final de la segunda. De los desaguisados que a la larga conlleva la tan admirada transición y su expresión jurídica en la Constitución nada tiene que ver el que se impusiera la "monarquía parlamentaria" como forma de Estado. Pero en este proceso de distanciamiento social creciente del actual régimen, muchos podrían llegar a sospechar que habría llegado la hora de sustituirla por la república. En la primera Restauración, la alternativa republicana fue cobrando fuerza según quedaba patente que el régimen era inmodificable. Como la segunda se muestra también irreformable, me temo que crezcan las expectativas republicanas como única alternativa de cambio. Y lo temo, porque esta vez no cabe entusiasmarse con la alternativa, conscientes de que los problemas planteados no se resolverían con el cambio de forma del Estado. Frente a lo que ha sido norma en nuestra historia, cambiar de régimen, en vez de reformarlo, confío en que esta vez hayamos aprendido de la historia y en vez de contribuir al derribo, seamos capaces de llevar a cabo las reformas necesarias. Ignacio Sotelo es catedrático excedente de Sociología

miércoles, 5 de julio de 2006

El Ejecutivo de centro-izquierda se enfrenta al corporativismo

EL PAÍS - Internacional 05/07/06

El documento aprobado por el Gobierno de Romano Prodi se titula Ciudadano consumidor y aspira a liberalizar, al menos en parte, algunos de los bastiones corporativistas que lastran la competitividad italiana y frenan el crecimiento. El taxi es sólo uno de los sectores afectados. Los farmacéuticos planean también una huelga general, y los comerciantes preparan un apagón de escaparates.Éstos son los puntos principales del plan de Prodi:
- Taxi. Los ayuntamientos concederán las nuevas licencias que consideren necesarias y los taxistas tendrán prioridad para adquirirlas, pero no podrán revenderlas y deberán contratar al menos a un empleado.
- Abogados. Desaparecerán las tarifas mínimas fijadas por el colegio profesional y se permitirá la publicidad.
- Notarios. Ya no será necesaria la firma de un notario (al menos 150 euros) para la compraventa de un coche o un ciclomotor de segunda mano.
- Farmacias. Los medicamentos con receta podrán venderse en el supermercado, en un área especial a cargo de un farmacéutico. Las farmacias dejarán de tener la exclusiva en una zona determinada, y ya no será posible dejarlas en herencia a hijos sin titulación.
- Seguros. Los agentes no tendrán que trabajar en exclusiva para una compañía.
- Banca. Los bancos no podrán cambiar de forma unilateral su contrato con el cliente y las comisiones (200 euros anuales como media) se verán drásticamente reducidas.
- Pan. Las panaderías dejarán de estar protegidas por una licencia especial similar a la de las farmacias, y la venta será libre.
- Comercio. Se suprimen las juntas locales que, conjugando burocracia y corrupción, conceden los permisos para abrir un negocio. Se liberalizan las rebajas y se suprimen las distancias mínimas entre comercios del mismo ramo.

lunes, 3 de julio de 2006

Tonterías económicas

Expansión 03/07/06

Francisco Cabrillo

Tonterías económicas
Decían los clásicos que el número de tontos es infinito. Si el autor de la famosa frase hubiera tenido la oportunidad de leer o escuchar las bobadas que se dicen en los medios de comunicación de los primeros años del siglo XXI, cuando se hace referencia a cuestiones relacionadas con la economía, se habría sentido reforzado, sin duda, en su poco edificante idea.
A lo largo de más de treinta años de ejercicio profesional he dado muchas vueltas a este tema. Y, aunque no he llegado a una explicación definitiva –seguramente imposible de formular–, creo que estas innumerables tonterías tienen su origen en dos causas; la primera, que la gente razona mal porque entender el funcionamiento de los mercados, aunque parezca relativamente sencillo, plantea dificultades de las que a menudo no somos conscientes quienes nos dedicamos a este oficio. La segunda, que mucha gente siente animadversión hacia los principios de la economía de mercado que, en determinados casos, llega a convertirse en un odio irracional, sobre el que tendrían más que decir los psiquiatras que los economistas.
La combinación de estos dos factores puede llegar a ser explosiva. Con frecuencia, un ciudadano bienpensante parte de un prejuicio antiliberal y su incapacidad de llevar a cabo un razonamiento correcto lo confirma en su idea original. Y esto ocurre con todo tipo de personas. Hagan ustedes una prueba. Pregunten al taxista, al camarero del bar o a su tía Benita qué piensan, por ejemplo, del traslado de fábricas a países en vías de desarrollo o de la importación de ropa china en España.
Lo más probable es que les parezca muy mal que se ‘pierdan’ puestos de trabajo en nuestro país y le digan que no tiene sentido traer de fuera cosas que se pueden producir aquí. Pero, al mismo tiempo, todos procurarán comprar los productos que tengan una mejor relación calidad-precio y ninguno hará ascos a las prendas de confección china que pueden adquirirse en nuestras tiendas. Naturalmente, si lo que ocurre es lo contrario –empresas extranjeras que se establecen en España o empresas de nuestro país que venden sus productos en el exterior–, les parecerá muy bien.
No dejarán de criticar la injusta distribución de la renta en el mundo y de defender las ayudas a los países más atrasados, pero se opondrán a las medidas más eficaces para garantizar su desarrollo.
Carlos Rodríguez Braun ha dedicado un libro entero (Tonterías económicas, ed. Lid, 2006) a analizar muchos de estos absurdos; y, si hubiera querido ser exhaustivo, habría necesitado, ciertamente, muchas más páginas. La obra merece una lectura tranquila. Pero, una vez finalizada, recomiendo al lector que haga el mismo ejercicio que ha realizado nuestro autor durante varios años. Asómese cada mañana a la prensa, la radio o la televisión e intente valorar las opiniones sobre temas económicos que en estos medios defiende todo tipo de personas. Verá cómo lo que en el libro podrían parecer situaciones excepcionales, fruto de un mal momento de la persona a la que se critica, es la realidad nuestra de cada día.
Un fenómeno llamativo es que, en este inmenso grupo de gente que razona mal y dice tonterías, ocupa un lugar destacado eso que suele llamarse el mundo de la cultura. Siempre me ha sorprendido la poquísima cultura que, al menos en España, tienen estos personajes. Pero incluso aquellos que superan la mediocridad dominante defienden, con frecuencia, ideas realmente peregrinas que son recibidas con complacencia –y a menudo con entusiasmo– por sus colegas y admiradores.
Muchos de estos hombres y mujeres de la cultura desempeñan un papel protagonista en el libro de Rodríguez Braun. Así, Goytisolo, Susan George, Saramago y tantos otros campan a sus anchas por la páginas de esta obra, critican las instituciones que les han permitido hacerse ricos, claman contra la globalización, abominan de casi todo lo que pueda relacionarse con Estados Unidos y defienden, sin pudor alguno, a cuanto dictador socialista comparta sus prejuicios contra la libertad económica.

Visión antiliberal
A todo ello estamos acostumbrados. Pero la pregunta más difícil de contestar es la siguiente: si no tuvieran esta visión antiliberal del mundo, ¿podríamos esperar que dedicarse a la literatura, por ejemplo, no implicara necesariamente analfabetismo en cuestiones económicas? En algunas épocas de la historia ocurrió esto. Y quien lea, por ejemplo, a algunos de los grandes novelistas del siglo XIX encontrará en sus obras una capacidad para entender el mundo que les rodea –instituciones económicas incluidas– muy superior a la de la gran mayoría de los escritores de hoy, para quienes una frase, un lugar común o un gesto teatral valen más que un esfuerzo por comprender aquello de lo que se está hablando.
Tal vez la vida real es demasiado prosaica para nuestros llamados intelectuales; a lo mejor son incapaces de soportar que una persona sin estudios, pero con instinto comercial, gane mucho más dinero que ellos; quizá tienen más acusada que otras personas la sensación de que el mundo no reconoce sus méritos.
Pero es posible también que para entender esas reglas en las que se basa la vida cotidiana de todos nosotros haga falta renunciar a esa “fatal arrogancia” de la que hablaba Hayek, consistente en creer que, desde el Gobierno, se puede dirigir con éxito la actividad económica de una nación. Y esto, seguramente, puede hacerlo mejor el tendero de la esquina que el intelectual afamado que vive, en buena medida, de las subvenciones públicas.

La herencia de Joska Fischer

ABC 02/07/06

ENRIQUE SERBETO

La herencia de Joska Fischer
Si me lo hubieran dicho hace dos años hubiera pensado que me tomaban el pelo. El rutilante ministro de Asuntos Exteriores alemán de la época de la guerra de Irak, el prototipo de la elegancia progresista, el gran dandi de la izquierda europea, el ilustre dirigente ecologista, el que en su juventud estuvo rozando el «romántico» terreno de las bombas contra el capitalismo devorador, el fustigador de la doctrina norteamericana de la guerra preventiva. Joska Fischer, ¿se acuerdan? Como ministro de Asuntos Exteriores del canciller socialdemócrata Gerhard Schroeder fue la cara más simpática del Gobierno, mantuvo al Partido Verde en lo más alto durante las dos legislaturas y cuando el canciller estaba en horas bajas, la izquierda se apoyaba en su figura, un verdadero puntal para mantener la independencia de Alemania frente a Washington.
Pues bien, todo era mentira. Fischer se retira de la política para siempre y se va a vivir a Estados Unidos. ¡Toma castaña! Eso si que es coherencia. Schroeder al menos no ha ocultado nunca que es un hombre sin escrúpulos. A partir de su retirada vive de lo que le paga Vladímir Putin, (egregio demócrata, dicho sea de paso) para que defienda sus intereses energéticos en Alemania, algo que antes era lo propio de la extrema izquierda, es decir, estar a sueldo de Moscú. Pero el gasoducto del Báltico no es el KGB y Schroeder tiene muchas necesidades, que por algo le llaman «el Audi» porque ya va por su cuarto anillo, y eso son muchas pensiones que pagar cada mes. Y además, se queda en Alemania que ahora que la gobierna Ángela Merkel empieza a salir del hoyo. Solo les falta ganar el mundial y con esa sobredosis de optimismo la canciller puede tener alguna oportunidad de reparar algo de lo que ha dejado molido la socialdemocracia. Al menos a Schroeder hasta se le ha oído lamentarse de que fue demasiado modoso con sus reformas, a la vista del efecto que están teniendo las de Merkel.
Pero lo de Joska Fischer no tiene nombre. ¿Quién no recuerda en aquellos años ochenta, el nacimiento del ecologismo como fuerza alternativa, la renovación del panorama político de la postguerra, Petra Kelly y los primeros «verdes», el «¿Nucleares?, no, gracias», el pacifismo suicida que casi estuvo a punto de prolongar unos años más la tiranía comunista. Pues ya se ve lo que queda de aquello: la industria nuclear paralizada con las consecuencias que ya conocemos; más contaminación con los hidrocarburos, el cambio climático en marcha y el petróleo cualquier día a cien euros. Petra Kelly se suicidó. Y Fischer, que ha sido el gran dirigente ecologista, el que ha llegado más alto en un puesto político, el más influyente de su generación, se va a vivir nada menos que a Estados Unidos. Éste es su legado a la posteridad.

jueves, 29 de junio de 2006

Es la libertad, sólo eso

ABC 29/06/06

POR JOSÉ MARÍA LASALLE, Diputado y Secretario de Estudios del PP

Es la libertad, sólo eso
«LA primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira». Eso decía Jean-François Revel, y algo parecido empieza a pasar en la España que gobierna Zapatero. Por eso respondo a la tribuna publicada por José Andrés Torres Mora bajo el vocinglero -y populista- título de: «¡Es la democracia, liberal!» (ABC, 23 de junio). Porque me desagrada ver cómo en mi país se vuelve a utilizar el estilo de la cultura política que cayó con el Muro y que todavía impera en algunas partes del trópico caribeño. Mi formación intelectual es europea y liberal. Estoy sin complejos en el Partido Popular, no tengo que subir la voz para demostrar que soy demócrata, trabajo en el proyecto centrista que dirige Mariano Rajoy y puedo decir a José Andrés Torres Mora, miembro de la Ejecutiva del PSOE, que ha manipulado conscientemente mis palabras con el disimulo que caracteriza a su líder. Es más, ha enmendado lo que Aristóteles decía de su maestro Platón y ha demostrado públicamente que el militante socialista sigue siendo fiel escudero del amigo que tiene en su jefe de filas. Se ve que el runrún disciplinario de Ferraz está muy activo y que aumenta la nómina de los damnificados por el conocido «talante» del secretario general del PSOE.
Como diría Isaiah Berlin, entiendo a Torres Mora, aunque no apruebo lo que hace. Su tribuna está escrita por persona interpuesta, y se nota. Exhibe el drama de un partido atrapado dentro de un campo de reeducación cuyo perímetro lo marcan las obsesiones políticamente inconfesables de un Zapatero que sostiene su liderazgo a fuerza de «baraka» y cintura. Esto me confirma que los populares debemos seguir manteniendo una firme beligerancia liberal frente al «momento maquiavélico» que ha hecho que personas inteligentes y equilibradas como el profesor Torres Mora incurran en la manipulación de la verdad, citando sin ajustarse a la literalidad o deformando los argumentos del adversario para atribuir lo que no se ha dicho. Me parece lamentable esta estrategia. Sobre todo porque omite un dato significativo. Mi tribuna del 14 de junio fue escrita apelando a un ejercicio crítico, responsable y sensato de la libertad: un «momento liberal» en medio de las difamaciones y agresiones físicas que sufríamos los populares durante la campaña del referéndum del Estatuto catalán. El militante que es Torres Mora consideró este hecho irrelevante. Quizá porque el PSOE sigue sin mostrar la decencia democrática y liberal de condenar la violencia y el linchamiento moral padecido por los populares desde el «Prestige», la guerra de Irak y los asedios a nuestras sedes durante la ominosa jornada de reflexión del 13 de marzo de 2004. Ya se sabe que, para la izquierda que defiende Torres Mora, la democracia es una cuestión de «cantidades» y no de «calidades» institucionales y procedimentales. Claro que así se explican muchas cosas. Por ejemplo, que se dañe la dignidad del Estado de Derecho manipulando el sentimiento de paz de los españoles; que se vulnere el concepto de Nación liberal-igualitaria de nuestra Constitución y se sustituya por otro confederal basado en derechos históricos premodernos y anti-ilustrados; que se revise la historia desde el poder mediante un uso dirigista del pasado; que se pongan en marcha políticas laicistas que lesionan la libertad de conciencia; que se pasen por alto detenciones ilegales o, en fin, que se vulneren las normas de competencia para arropar operaciones empresariales afines. Precisamente, estas vulneraciones de la «calidad» liberal de las políticas democráticas son las que chocan con la España real y las que crean tensiones sociales y políticas. Algo que el diputado Torres Mora no entiende. Tendría que asumir antes que la libertad consiste, según Ortega, en existir desde un fondo personalísimo, no en que se ponga sin más una papeleta de voto en la mano de alguien.
Nada tengo que decir a las críticas que dedica a mi reflexión sobre los traumas que están detrás de la izquierda española que aupó a Zapatero al frente del PSOE. Me atengo a lo dicho. Tampoco voy a responder las palabras que dedica a la trayectoria política de un partido, el Popular, que vino al mundo con la democracia y la Transición. Aquí tan sólo le pediría un favor: que cuando dispare la munición de siempre, por favor, no olvide que somos muchos los que, estando en el PP, provenimos, también, de familias republicanas que asumieron, con Julián Marías, que la Guerra Civil fue un punto y aparte que concluyó con la victoria de los injustamente vencedores y la derrota de los justamente vencidos. Por mi parte no tengo nada más que decir. Termino apelando a quien habla por boca de mi amigo Torres Mora. Le pido que revisite su propia memoria y que haga un repaso de la trayectoria intelectual del PSOE a partir de los hechos, no de las obsesiones. Tener más de un siglo de historia detrás complica la nitidez científica de los contornos de un partido que nació republicano cuando todavía vivía Marx y que tardó mucho tiempo en comprometerse plenamente con los valores de la sociedad abierta, tanto que hubo que esperar hasta después de la Transición y el referéndum de la OTAN. Tratar de superar el legado modernizador de la izquierda española que lideró Felipe González es una hazaña demasiado grande para algunos, incluso después de ganar democráticamente en el difícil e inesperado tramo final de las elecciones del 14 de marzo.

viernes, 23 de junio de 2006

Renacimiento nuclear

EL PAÍS 22/06/006

PATRICK MOORE

Renacimiento nuclear
A principios de los años setenta, cuando ayudé a fundar Greenpeace, creía que la energía nuclear era sinónimo de holocausto nuclear. Esa convicción fue lo que inspiró el primer viaje de Greenpeace a lo largo de la espectacular costa rocosa del noroeste de EE UU para protestar contra las pruebas de bombas de hidrógeno realizadas por ese país en Alaska.Treinta años después, he cambiado de opinión, y el resto del movimiento ecologista debería hacer lo mismo, porque la energía nuclear es la única fuente de energía no emisora de gases invernadero que puede reemplazar con efectividad a los combustibles fósiles, satisfaciendo al mismo tiempo la creciente demanda mundial de energía.
Examinemos la principal fuente mundial de gases de efecto invernadero: el carbón. Aunque proporciona electricidad barata, el consumo mundial de carbón genera unos 9.000 millones de toneladas de CO2 cada año, en su mayoría provenientes de la producción energética. Las centrales de carbón causan lluvia ácida, niebla tóxica, enfermedades respiratorias y contaminación por mercurio, y contribuyen enormemente a la emisión de gases de efecto invernadero.
Por otra parte, las 441 centrales nucleares en funcionamiento en todo el mundo evitan la emisión de casi 3.000 millones de toneladas de CO2 al año. Sólo en España, ocho reactores nucleares evitan ya la emanación de aproximadamente 50 millones de toneladas de CO2 al año, y proporcionan sin problemas el 20% de su electricidad. En resumen: la energía nuclear es limpia, rentable, fiable y segura.
No soy el único activista y pensador medioambiental con experiencia que está cambiando de opinión sobre este tema. James Lovelock, destacado científico atmosférico, cree que la energía nuclear es la única manera de evitar el cambio climático catastrófico. Stewart Brand, fundador del Whole Earth Catalogue y pensador ecologista holístico, afirma que el movimiento ecologista debe aceptar la energía nuclear para reducir su dependencia de los combustibles fósiles.
Hay indicios de que se está dando un cambio de actitudes incluso entre los más fieros paladines antinucleares. En diciembre del año pasado, asistí a la cumbre climática de Kioto en Montreal, Canadá, donde hablé sobre el futuro y la energía sostenible. Argumenté que la única manera de reducir las emisiones de combustibles fósiles provenientes de la producción de electricidad era mediante un programa agresivo de energías renovables clave (hidroeléctrica, bombas geotérmicas y eólica), junto con la energía nuclear. El portavoz de Greenpeace fue el primero en responder, y pensé que me esperaba una buena reprimenda. Por el contrario, empezó diciendo que estaba de acuerdo con casi todo lo que yo había mencionado, salvo la parte sobre la energía nuclear, por supuesto, pero se percibió una clara sensación de que era posible encontrar puntos de acuerdo.
Las energías eólica y solar tienen un papel que cumplir, pero al ser intermitentes e impredecibles, no pueden sustituir a las grandes centrales de suministro básico, como las de carbón, las nucleares o las hidroeléctricas. El gas natural, un combustible fósil, ya es demasiado caro, y su precio y suministro son demasiado volátiles. Visto que la explotación de los recursos hidroeléctricos ya ha llegado a su capacidad máxima, por eliminación se llega a la energía nuclear como el único sustituto viable a gran escala, rentable y seguro para el carbón y el gas natural. Es así de sencillo.
Ello no equivale a decir que no existen problemas reales asociados a la energía nuclear. Cada preocupación merece ser tratada con detalle. Preocupación: la energía nuclear es cara. Realidad: la energía nuclear es una de las fuentes de energía más baratas. Preocupación: las centrales nucleares no son seguras. Realidad: Chernóbil tarde o temprano tenía que sufrir un percance. Este primitivo modelo de reactor soviético no tenía estructura de contención, su diseño inherente era erróneo y sus operarios, literalmente, lo hicieron explotar.
Preocupación: los residuos nucleares serán peligrosos durante miles de años. Realidad: después de 40 años, el combustible nuclear utilizado contiene menos de una milésima parte de la radioactividad que tiene al salir del reactor. Y es incorrecto llamarlo residuos, ya que después del primer ciclo sigue conteniendo el 95% de su energía potencial.
Preocupación: los reactores nucleares son vulnerables a los ataques terroristas. Realidad: las estructuras de contención de un metro y medio de hormigón reforzado protegen su contenido. Preocupación: el combustible nuclear puede orientarse a la fabricación de armas nucleares. Realidad: las armas nucleares ya no están inexorablemente ligadas a las centrales nucleares. Irán, por ejemplo, no posee un reactor para generar electricidad, y sin embargo ya podría tener capacidad para fabricar una bomba nuclear.
Además de la reducción en la emisión de gases de efecto invernadero y el abandono de nuestra dependencia de los combustibles fósiles, la energía nuclear ofrece dos ventajas para el medio ambiente. Para empezar, supone un camino importante hacia la "economía del hidrógeno". Los fabricantes de automóviles no cesan de mejorar las células de combustible de hidrógeno y es posible que, en un futuro próximo, esa tecnología se convierta en una fuente importante de energía.
Segundo, la energía nuclear podría utilizarse como solución para otra crisis en ciernes: la falta cada vez más acusada de agua potable para el consumo humano y la irrigación. En todo el mundo se están aplicando procesos de desalinización para obtener agua potable. Mediante el uso del calor excedente de los reactores nucleares, se podría desalinizar agua y se saciaría la creciente demanda de agua potable.
Una combinación de energía nuclear, eólica, geotérmica e hidroeléctrica sería un método seguro y ecológico para cubrir la creciente demanda global de energía.

domingo, 18 de junio de 2006

Sueños que matan y muros inútiles

EL PAIS SEMANAL 18/06/06

ROSA MONTERO
"Entonces entendí el fracaso del sistema socialista: se hundió porque impedía soñar, y los sueños, ya sean grandiosos o ridículos, forman parte esencial del ser humano."

Sueños que matan y muros inútiles

Cada vez empiezan su trágico viaje desde más abajo. Primero fue Marruecos, luego Mauritania, ahora Senegal. Cuanto más lejos botan las pateras, más posibilidades de morir. Mientras tanto, nosotros levantamos vallas, ponemos patrulleras, reclamamos la presencia de la Armada, pedimos a la Unión Europea que haga algo. Pero todos los esfuerzos represivos y defensivos parecen inútiles: es como intentar contener el agua del mar entre las manos. Europa es un castillo fatalmente sitiado, una pequeña isla en mitad de un océano de desesperanza. ¿Alguien cree de verdad que podemos defendernos de su necesidad? Son muchos, cada día son más y están dispuestos a intentarlo una y otra vez hasta perder la vida. Que es lo único que tienen. O casi lo único.África es un continente trágico y en muchos sentidos agonizante. La sequía que actualmente padece ha agravado una situación ya de por sí límite y ocho millones de personas corren un riesgo crítico de morir de hambre. Sin duda los inmigrantes vienen espoleados por la miseria y la hambruna, pero no es sólo eso lo que les moviliza. Porque estos sórdidos viajes hacia las costas españolas suelen costar bastante dinero: al parecer, y dependiendo del barco y de la ruta, cada individuo paga entre 600 y 3.500 euros al traficante. Son sumas respetables, sobre todo en el contexto africano. En los pueblos de origen de donde provienen los inmigrantes tal vez hubieran podido invertir ese dinero en otra cosa. En el comienzo de un pequeño negocio, por ejemplo. No, no es sólo el hambre, ni la necesidad más elemental, lo que hace que estos desheredados de la Tierra se lancen a una aventura tan peligrosa. Yo creo que lo que de verdad les mueve es el ideal, el sueño rutilante del paraíso europeo, el brillo cegador de nuestra confortable sociedad de ricos, tal y como la adivinan en la televisión y en las películas.
Lo cuenta muy bien Sandor Marai en la que posiblemente sea su mejor obra, ¡Tierra, tierra! (Ed. Salamandra), un fascinante libro de memorias en el que relata tres años de su vida, de 1945 hasta 1948, es decir, desde que Hungría fue invadida por los soviéticos, al final de la Segunda Guerra Mundial, hasta que Marai abandonó su país y marchó al exilio. Explica el escritor que, cuando las tropas rusas entraron en su pueblo, un grupo de soldados se instaló a vivir en su casa de antiguo burgués. Eran chicos muy jóvenes, nacidos y crecidos en el régimen soviético. Y dice Marai que lo que más les interesaba de todo cuanto él poseía era un ejemplar antiguo de la revista norteamericana Esquire. “Lo tenían constantemente al alcance de la mano y lo hojeaban sin parar en su tiempo libre, incluso llegaban rusos alojados en otras casas y se lo arrebataban a los nuestros”. Los soldados, claro, no entendían inglés; cuando se embebían durante horas en la contemplación de la ajada revista era para disfrutar de los anuncios publicitarios, de “las neveras eléctricas, zapatos de caballero de ante, raquetas de tenis último modelo, joyas extravagantes”. Embriagadoras fotos del paraíso.
Al cabo, con el tiempo, el régimen socialista se derrumbó por eso. Cuando cayó el muro de Berlín yo estaba por allí haciendo un reportaje para este periódico. De la noche a la mañana, los supermercados orientales, antes lastimosamente vacíos, se llenaron con los productos occidentales, empaquetados con alegres colorines y tan vistosos como regalos navideños. Entre los pasillos de una tienda vi a una mujer de unos sesenta años que empujaba un carro vacío. “¿Qué le parece la caída del Muro?”, le pregunté. “Algo maravilloso. Mire todas las cosas que hay ahora, y antes no teníamos nada”, contestó. Pasándome de lista, argüí: “¿Y de qué le sirve que haya tantas cosas, si ahora no dispone de dinero para adquirirlas?”. Y ella dijo: “Es cierto, ahora no tengo dinero, pero las cosas están ahí, a mi alcance, y puedo soñar con comprarlas mañana”. Entonces entendí el fracaso del sistema socialista: se hundió porque impedía soñar, y los sueños, ya sean grandiosos o ridículos, forman parte esencial del ser humano.
Son esas quimeras, esa visión de un mundo sin duda mejor que el suyo, pero al que además la distancia dota de un carácter edénico, lo que envenena a los inmigrantes africanos. O, con palabras de Marai, en Europa “ven lo posible más allá de lo indispensable”, un horizonte ubérrimo que les vuelve locos. Seguirán viniendo y seguirán muriendo, porque la historia ha demostrado que no hay muro capaz de contener los sueños.

martes, 13 de junio de 2006

Lawrence Lader, activista por el derecho al aborto en EE UU

EL PAÍS - Gente - 11-06-2006

Sus escritos sobre libre elección de maternidad fueron decisivos
BARBARA CELIS

Lawrence Lader, activista por el derecho al aborto en EE UU
Conseguir la legalización del aborto no sólo fue una lucha protagonizada por mujeres. Lawrence Lader, escritor y activista, fallecido el pasado 14 de mayo en Nueva York a los 86 años, fue definido por la escritora feminista Betty Friedan como el padre de un movimiento que culminó en 1973 con la legalización del aborto en Estados Unidos.Fue uno de los fundadores del National Abortion Rights Action League, y a lo largo de cuatro décadas publicó libros y ensayos en torno a un tema que siempre consideró esencial para que la mujer pudiera realmente ser dueña de su propio destino.
Su curiosidad y su inquietud intelectual le llevaron primero a Harvard, donde se graduó en la década de los cuarenta, y después hasta el ruedo político, donde llegó a ser candidato del Partido Laborista por Nueva York y perdió. Tras haber trabajado como colaborador de revistas como The New Yorker, The New Republic o The Reader's Digest, decidió que escribiría su primer libro y escogió la figura de Margaret Sanger como objeto de estudio.
Pionera en la lucha por el control de natalidad, Sanger accedió a que Lader escribiera su biografía, un hecho que cambiaría para siempre la vida del autor. "Trabajar con ella me convenció de que la libertad de una mujer en los estudios, su profesión o en su vida privada sólo puede alcanzarse cuando se tiene la libertad de elegir cuándo ser madre", declaró Lader en una entrevista publicada por The New York Times en 1991.
Durante su investigación para aquella biografía, Lader escuchó atentamente la voz de una activista cuyo compromiso para conseguir que las mujeres accedieran a métodos contraceptivos había comenzado en 1910, tras ser testigo del horror provocado por los abortos clandestinos, que cada año mataban a miles de mujeres estadounidenses. En la década de los cincuenta, las muertes habían disminuido gracias al uso extendido de los antibióticos, pero el aborto seguía siendo ilegal.
Fascinado por el tema, en 1966 Lader publicó el primer libro de investigación, Aborto, que ayudaría a dar un giro a la historia legal estadounidense. En 1973, cuando se ganó el célebre juicio Roe frente a Wade, por el que el Tribunal Supremo legalizó ese derecho, el tribunal citó el libro de Lader al menos siete veces en su sentencia. "No sólo es un libro sobre la hipocresía y el absurdo de las prácticas abortivas. Es una propuesta valiente sobre lo que las mujeres tienen que hacer para abolir una relación de poder frente a un Estado que las obliga a tener hijos contra su voluntad", dijo sobre el libro la feminista Friedan.
Tras su publicación, un grupo de allegados se reunió en 1968 en el apartamento de Lader con la intención de crear una organización de carácter nacional que agrupara su lucha. Un año después nacía la National Association to Repeal the Abortion Laws, que en 1973, tras la sentencia favorable del Tribunal Supremo, se transformó en la National Association of Abortion Rights, hoy conocida como NARAL Pro Choice America.
Pero a finales de los años setenta Lader la abandonó, alegando que se había vuelto demasiado conservadora, y fundó otro grupo, Abortion Rights Mobilization, que le sirvió de plataforma para luchar por la legalización de la píldora abortiva RU-486, que recientemente ha vuelto a ser puesta en entredicho en algunos Estados de la Unión, donde el derecho al aborto también está volviendo a discutirse 30 años después de su legalización.

I+D

EL PAÍS 13/06/06

ROSA MONTERO

I+D
De todos es sabido que en España se nos da fatal lo de la I+D. Unas siglas que significan Investigación más Desarrollo, pero que también podrían referirse a Izquierdas más Derechas. En realidad, en lo que somos una completa nulidad es en lo de sumar y compartir. Y lo que se nos da de perlas es restar, dividir y mordernos la yugular unos a otros.Es verdad que existe una derechona intratable, inamovible e insoportable. La componen unas personas de talante feroz que siempre están en contra de todas aquellas reformas sociales que pueden mejorar la vida de la gente. ¿Que se habla de la sedación de los enfermos terminales, para que no sufran indecibles torturas para morir? Pues nada, ellos montan unas cruzadas abominables, persiguen a médicos y son el origen y la causa de muchas agonías desesperadas que están ocurriendo en nuestros hospitales día tras día. ¿Que se hace una ley para permitir el matrimonio homosexual? Arman una escandalera ensordecedora, como si la sociedad estuviera en riesgo por esa menudencia. ¿Que se hace una Propuesta no de Ley para evitar el maltrato a los grandes simios? Aúllan que equiparar el ser humano a los animales (¿?) es un pecado. ¿Que se intenta evitar que los transexuales tengan que mutilarse bárbaramente y poner en riesgo sus vidas para que se les reconozca su sexualidad? Pues también les parece una atrocidad, probablemente porque desean que paguen su supuesta aberración con dolor y sangre. Qué falta de compasión y qué estupidez, la de la derechona. Se diría que están todo el rato pendientes de ver qué mejoras se introducen para oponerse a ellas inmediatamente.
Pero el caso es que también existe una izquierdona intolerante, insufrible e inadmisible. Son esos tipos que apoyan o disculpan a dictadores como Castro; que enseguida tildan de fascista a cualquiera que no piense como ellos, sin advertir que al comportarse de manera tan dogmática ellos demuestran ser los verdaderos fascistas; que manipulan la realidad e inventan enemigos, para seguir sintiéndose puros y perfectos. En fin, a ver si izquierdas y derechas nos libramos de estos miserables, de estos energúmenos, y aprendemos por fin a sumar, que va siendo hora.

lunes, 12 de junio de 2006

Algo habrá que darles

El País 12/06/06

MAITE PAGAZAURTUNDUA RUIZ

Algo habrá que darles
En el diccionario de la RALE, la voz "pragmatismo" señala que se trata del "método filosófico según el cual el único criterio válido para juzgar de la verdad de toda doctrina científica, moral o religiosa se ha de fundar en sus efectos prácticos". Detrás de la expresión "doctrina científica, moral o religiosa" de la definición anterior podríamos añadir el adjetivo "política" a los efectos de este artículo. Este diccionario también identifica como pragmatismo la "propensión a adaptarse a las condiciones reales".
¿Cuál es el efecto práctico que buscamos con respecto a ETA y Batasuna? Hay distintas posibilidades; por tanto, permítanme que señale algunas de las que podrían ser más comunes: a) Que dejen de matar. b) Que dejen de matar y que los principios democráticos borren todo resto de autoritarismo en la sociedad vasca incluso durante su final. c) Que dejen de matar, que se borre todo resto de autoritarismo en la sociedad vasca incluso durante su final y dos huevos duros: que no se equipare a las víctimas y a los verdugos. Porque hemos tenido que escuchar a un obispo vasco nacionalista afirmar que víctimas y verdugos son ambas víctimas, aunque de distinta manera. La primera cuestión que debemos determinar con claridad meridiana es cuál es el efecto práctico que buscamos o con el que nos conformamos. No lo hemos hecho suficientemente y hablamos de cosas distintas, unos y otros, me parece.
La filosofía del "algo habrá que darles" a los etarras, miembros de Batasuna y nacionalistas en general corresponde al aliento pragmático de un número importante de ciudadanos y al primer objetivo, que dejen de matar. De sus palabras y coletillas se desprende que, aunque no olvidan que los etarras encarcelados merecen cumplir sus condenas hasta el final y los de Batasuna merecen el descrédito social durante largo tiempo por el horror inferido, finalmente algo habrá que darles para que dejen de matar y, si no condenan los asesinatos cometidos y el miedo y la tortura que han supuesto para tanta gente, habría que buscar fórmulas en que se encuentren cómodos. Los pragmáticos desean tan intensamente que no se frustre esta tregua que nos animan a "no hacer caso de las palabras (de Batasuna y ETA, se entiende), sino de los hechos" (que no están matando). Considero que lo que se pretende es alargar los días sin muertos para que finalmente los de ETA no puedan dar marcha atrás; pero, claro, los estrategas del mundo de Batasuna y ETA también saben esto y cuentan con ello para no dejarse capturar por la administración de los tiempos del gobierno. De hecho, de momento, más bien parecen ir ganando los de Batasuna y ETA en ello, en la administración de los tiempos, muy especialmente si atendemos a lo que señalan hoy sus analistas afines con datos, muchos datos.
Permítanme una digresión. Estamos al inicio de un nuevo Campeonato Mundial de fútbol y España no lo ha ganado nunca, pese a contar con una liga de altísimo nivel. Mi marido dice que es comparable a las ligas italiana e inglesa. Mis escoltas dicen que es incluso mejor. Por los comentarios que les oigo durante estos días, no parece que ninguno de ellos apueste por que la Selección Española vaya a conseguir ganar el Mundial. Es, pues, un objetivo casi épico. Imaginemos que podemos llegar a ganar el Mundial de fútbol, metiendo un gol con la mano, sin que nos vea el árbitro o, al menos, no en el momento de dar por bueno el gol. Aunque me quede en minoría digo: así no. Y no se trata de que esté en contra de que España gane el Mundial.
No habría utilizado el ejemplo anterior si no me pareciese detectar la existencia de derivas y fugas más o menos claras hacia el infantilismo psíquico en la actual estructura de la opinión pública española. Como reproduciendo una gran batalla que no atiende a hechos, sino a siglas de forma ciega, y a mantras cerrados, más que a argumentos, y una cierta tendencia que de seguir así puede llegar al delirio colectivo, entendido todo ello en los términos en que lo expresó Sigmund Freud en 1930 en "el malestar en la cultura" cuando se refería al fundamentalismo religioso, aunque lo denominaba religión a secas. Estaba, en realidad, definiendo los rasgos del forofismo, del sectarismo, de nuestro más genuino espíritu cainita.
Hay muchos pragmáticos que dicen que la transición se cerró con la desmemoria y que las viudas de los represaliados de la guerra civil ni hablaron mientras se fraguaba la Constitución del año 78, ni tuvieron voz durante la larguísima dictadura. Hablan del olvido necesario. Este, por ejemplo, es un mantra. Y la apelación a la amnesia surte el efecto placebo sobre algunas conciencias. Pero, claro, el nacionalcatolicismo fue derrotado como ideología, así que no podemos hablar de la existencia de ningún tipo de impunidad ideológica. Algunos heredamos en la familia la conciencia de que no debía pasar nunca más eso de no tener ni voz, ni libertad. En nuestra casa prevaleció la memoria del abuelo socialista, encarcelado y represaliado en la posguerra, y eso que también nos narraron las historias de los pragmáticos que estuvieron todo lo a bien que se podía con el régimen franquista mientras duró y sólo en sus estertores redescubrieron sus ideales políticos, el euskera para sus hijos... Con Franco se trataba de que faltaba la libertad. Con ETA se trata de lo mismo, de que amenazan con el asesinato para obligarnos a soluciones nacionalistas para el País Vasco. No es un secreto que pertenezco a la corriente de ciudadanos que se identifican con lo que ha dado en calificarse como partidarios de la "firmeza democrática" para derrotar a ETA. Yo, sin reservas, me apunto al objetivo c) del primer párrafo. Sé que es más difícil a corto plazo, pero me parece que contiene menos riesgos a medio plazo para preservar la calidad democrática de nuestro sistema político. Y sobre todo, consuela más a muchas víctimas y conforta más a los que más han aguantado el tipo por conseguir libertad para todos. No apacigua a los intolerantes. Eso es también así. Me parece un riesgo que debemos asumir. Es un riesgo.
En el asunto de que hablamos no todo es blanco o negro, por supuesto. Pero tenemos que elegir la información que nos parece relevante y, en mi opinión, lo primero que debemos tener en cuenta es que ETA no ha entregado las armas y que ha declarado una tregua condicionada y reversible. Por eso, muchas víctimas están tan susceptibles, con las heridas tan abiertas. Se les están deshaciendo sus sueños entre los dedos y Batasuna, con su chulería, les echa sal en las heridas, cada día. Dos generaciones de víctimas de ETA han soñado con derrotarlos y consideran que Batasuna no debe ser exonerada ahora de su responsabilidad en el horror por la puerta de atrás. La decisión de ser recibidos por los socialistas vascos sin haber renunciado a ese pasado -con la advertencia de que en caso contrario todo saltaría por los aires- es una conquista objetiva de Batasuna y no es una cuestión menor en mi humilde opinión. Hay muchas víctimas de ETA que temen que los de Batasuna terminen por ser aceptados con su teoría del conflicto y de los muertos como efectos colaterales indeseados, como ausentes involuntarios. Los pragmáticos pueden aceptar buscar únicamente el efecto práctico de evitar más muertos, aceptando para ello el diseño de Anoeta con sus dos mesas, el modelo de conciliación, sin "vencedores ni vencidos", o sea, la paz de Azkoitia más o menos maquillada. Al menos de momento, y esperar tiempos mejores. La opción primera de conformarse con que dejen de matar.
Pero esto lo saben los de Batasuna. Conocen a la perfección nuestra opinión pública, nuestro cainismo político, las dos grandes tendencias, la pragmática de la conciliación y la de la firmeza democrática. Y saben presionar y atornillar. La presión funciona en el juego con los pragmáticos, y Batasuna y ETA presionan. Así las cosas, y con todo respeto al Gobierno -no es blanco o negro, tal vez ellos tampoco esperaban que los pilotes del llamado proceso de paz estuvieran clavados en arenas movedizas-, yo considero que no se puede premiar la barbarie, ni a los bárbaros. Por un tema de calidad democrática. Porque no nos estallen los relatos en las manos en la siguiente generación... O en ésta.

sábado, 10 de junio de 2006

Cuidado, saleroso

El país 10/06/06

FERNANDO SAVATER

Cuidado, saleroso
Quizá la más conocida de todas las citas de Abraham Lincoln sea esa en la que afirma que "se puede engañar a parte de la gente todo el tiempo o a toda la gente parte del tiempo, pero no se puede engañar a toda la gente todo el tiempo". Pese a su venerable retórica, parece algo digno de ser recordado en el actual tira y afloja político a raíz de que ETA declarase su forzoso alto el fuego permanente. Subrayo lo de "forzoso" para que nadie olvide que no se trata de una concesión generosa de la banda, sino de un callejón sin salida al que ha llegado no porque se haya cedido a sus exigencias, sino porque se la ha acorralado -nacional e internacionalmente- sin ceder a ellas. Sin embargo, ETA no se ha disuelto, ni ha entregado las armas, ni ha desaparecido de la noche a la mañana (sus idas y venidas por Francia revelan que sigue activa aunque en suspenso, a la espera de ver qué es lo que le conviene hacer). Es posible que aún siga enviando cartas de extorsión a los empresarios: en cualquier caso, es seguro que nos ha mandado una carta de extorsión colectiva a todos los españoles, a través del Gara y de sus portavoces habituales de Batasuna, con exigencias políticas y territoriales muy claras. Y es el momento de recordar lo que siempre se ha recomendado a quienes recibían esas cartas: que no pagasen, aunque ello implicara correr riesgos. Supongo que tal consejo es válido también para el chantaje colectivo y no sólo para el individual...
Por decirlo suavemente, la actitud del Gobierno en esta tesitura está llena de contradicciones que nos preocupan cada vez más a quienes hemos querido democráticamente confiar en su gestión del asunto. De ahí el recordatorio de la frase de Lincoln citada más arriba. Si de lo que se trata es de que representantes institucionales se reúnan con los jefes de la banda para organizar con ellos el abandono definitivo de las armas, salidas individuales judicialmente aceptables para los terroristas, acercamiento gradual de presos, etc., el asunto puede resultar más o menos vidrioso, pero sin duda merece la pena intentarlo. La "mesa con ETA", por llamarla así, puede despertar preocupación o llamadas a la prudencia, pero no escándalo. Lo que en cambio parece imposible de asumir por instinto de conservación democrático es mezclar esas conversaciones con otras de corte político en las que se involucrarían en un totum revolutun los portavoces del terrorismo, el resto de los partidos nacionalistas y acólitos en busca de réditos por el fin de la violencia (tras haber obtenido tantos antaño de la violencia misma) y los representantes de los partidos constitucionales, es decir, de los ciudadanos que han padecido estos años la coacción terrorista. Y todo ello en una segunda "mesa", "espacio" o lo que sea, situada fuera del Parlamento y de las instituciones, que quedarían así visiblemente suspendidas y entre paréntesis derogatorios como ETA siempre ha pretendido.
Si yo no les comprendo mal -y a estas alturas comprenderles bien no resulta precisamente fácil-, el Gobierno y el PSE dan por buena y necesaria esta segunda mesa, ayer decían que "en ausencia de violencia" y hoy parece que también con violencia, al menos latente y amenazante. Una pregunta cándida pero necesaria y que sin embargo aún no he escuchado: ¿alguien puede facilitar a los ciudadanos un solo argumento a favor de la necesidad o de la oportunidad de tal mesa, aunque haya acabado la violencia terrorista? ¿Es que acaso hay temas que no pueden tratarse en el Parlamento, que es la institución destinada al debate político en democracia? Si los partidos que van a reunirse en ese foro son legales, ¿por qué no van al Parlamento, como han venido haciendo hasta ahora, y marcan los cánones constitucionales? Si algunos no son legales, ¿por qué los demás van a reunirse institucionalmente con ellos, poniéndose a su altura, en lugar de presionarles con su no reconocimiento fáctico para que se legalicen cuanto antes? Se dice que después de la violencia, vendrá la política. ¿Qué política? ¿No se ha hecho política democrática hasta ahora en el País Vasco? ¿No se han sometido a elecciones los candidatos constitucionales amenazados, aun sabiendo que tenían muy limitadas sus posibilidades de expresión política por la violencia terrorista? ¿No han muerto Gregorio Ordóñez, Fernando Buesa y tantos otros por intentar hacer política, contra viento y marea? ¿Resulta ahora que los nacionalistas del PNV y EA, que llevan gobernando, haciendo y deshaciendo a su antojo educativa e informativamente, monopolizando la política en el País Vasco gracias a que los demás están acogotados por ETA, aún necesitan nuevas concesiones del Estado y más manos libres para blindar definitivamente su espuria hegemonía? ¿Hay que concederles alguna compensación ya que en el futuro van a perder la ventaja política que les atribuía la actividad de ETA?
A favor de la segunda mesa de partidos sólo puede haber dos argumentos, aunque nadie se moleste en darlos explícitamente porque son difíciles de sostener en público. El primero es que ya se ha pactado bajo cuerda con los nacionalistas -tanto con los que muerden como con los que de momento llevan el bozal puesto- que habrá semejante concesión política para que ETA opte definitivamente por la jubilación. Será el momento de buscar una fórmula en la que "todos los partidos vascos se sientan cómodos". Ahora bien, no existe una mágica fórmula política según la cual puedan estar simultánea e igualmente cómodos los partidarios de los derechos ciudadanos y los que piensan que los derechos son inherentes a los territorios, los que mantienen que el ser -es decir, la identidad étnica- cuenta más que el estar -o sea, la igualdad constitucional- y quienes opinan lo contrario, los que creen que sólo hay que abrir el estado de derecho por arriba, hacia la unidad europea, y los que desean desguazarlo por abajo, hacia las inacabables y legendarias "realidades nacionales" que vayan proponiéndose. Hay que elegir también aquí, como es preciso elegir entre educación confesional o laica, guerra preventiva o prevención de la guerra, asistencia social justa a quien padece cargas familiares extraordinarias o simple caridad privada, etc. A fin de cuentas, el final político de ETA no puede ser más que el refrendo de la Constitución, es decir, de las normas para la libertad de todos, o el refuerzo del nacionalismo obligatorio y omnicomprensivo que consigue en esta "nueva etapa" más privilegios. O lo uno o lo otro, pero todo a la vez y por igual, desde luego que no.
El segundo argumento a favor de la mesa de partidos (y su paso previo, el entendimiento torticero del PSE con Batasuna) es que sin tal concesión queda bloqueado el "proceso de paz" (¿) y ETA puede volver a las andadas. Ante eso, no podemos sino remitirnos a lo aconsejado en caso de recibir una carta de extorsión: por el bien de todos, resistir y no pagar. ¿Que Batasuna bloquea no sé qué? Pues es problema suyo, porque los que están ilegalizados son ellos y ellos son los que necesitan normalizar su situación para gozar de lícitas ventajas institucionales. O espabilan ahora o tendrán que prolongar su "apartheid" hasta que lo insostenible de su posición les lleve a ceder. Los demás no tenemos prisa. ¿Que ETA se enfada? Y ¿qué va a hacer? ¿Volver al tiro en la nuca y el coche bomba en las circunstancias de la España y de la Europa actuales, que le son tan poco propicias? No cabe duda de que puede hacer sufrir todavía, pero lo que no consiguió antaño con vientos históricos más favorables, menos va a lograrlo ahora. Prolongará nada más la retahíla de sus presos y el sacrificio idealista e ingenuo de jóvenes arrastrados hacia la violencia. Los que tanto les hemos resistido ya, podemos resistirles un poco más todavía. De modo que ellos verán. El alto el fuego permanente es una noticia excelente si lleva a que los militantes dejen ETA y acepten la legalidad; pero sería muy malo si determinase que es la legalidad la que debe reconocer a ETA. Y hay que ser muy bribón o muy obtuso para decir que quienes ponen condiciones a la negociación no quieren la paz. ¿Paz? Los que hemos vivido décadas bajo la paz franquista y hemos padecido su propaganda ya sabemos algo de las ambigüedades de la palabreja... Aprendimos, por ejemplo, que la mayoría no quiere la paz (que si es verdadera se basa en la libertad), sino sólo que les dejen en paz, aunque sea encerrados en un corral.
Sin confianza no suele avanzarse, pero el exceso de confianza puede ser letal. El entrañable Miguel Gila contaba en uno de sus monólogos el caso de un conocido que pereció al cruzar la vía del tren. Sea por apresuramiento o por miopía, en el cartel que avisaba "Paso peligroso" leyó: "Pasa, saleroso". Y claro, le atropelló el expreso. Zapatero, resalao, ponte las gafas y mira bien a derecha e izquierda antes de lanzarte a cambiar de acera...

martes, 6 de junio de 2006

Zapatero es muy predecible

La Gaceta de los Negocios 06/06/06

Antxón Sarasqueta

Zapatero es muy predecible
Políticamente el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, es muy predecible: siempre camina en la misma dirección. El líder socialista carece de complejidad y sofisticación en su pensamiento. Es simple, lineal y cerrado. Como todos los políticos de la izquierda radical. Desde el principio de su liderazgo apuntó a la izquierda radical y no ha tenido otro eje de conducta. ¿Por qué sorprenderse entonces?
¿A quién sorprende que Zapatero y su partido dialoguen y acuerden con la banda terrorista ETA-Batasuna como han anunciado, y persigan al mismo tiempo al Partido Popular? Basta repasar la trayectoria de Zapatero al frente del PSOE para comprobar que al margen de tácticas coyunturales, ha seguido su objetivo de cambiar el régimen político e implantar un sistema de izquierdas radical. A través de un proceso de suplantación lo menos traumático e indoloro posible. Cambiando las reglas, las leyes, las alianzas nacionales e internacionales…
La diferencia entre el debate del estado de la Nación del pasado martes y el debate de hoy mismo en las Cortes es que hoy todas las cartas están boca arriba, y hace una semana Zapatero todavía se guardaba alguna. Ahora todo el mundo las puede ver. El presidente ha reconocido como interlocutores políticos a los terroristas, sin que éstos dejen las armas ni su actividad amenazante, y desde el PSOE ya se viene anunciando que serán legalizados.
El PP por su parte ha dejado muy claro que estará enfrente. No ha caído en la trampa ni en las presiones de quienes quieren que haya una oposición formal, pero poco efectiva. Se lo dijeron ayer en sendas intervenciones el líder del PP, Mariano Rajoy, y su secretario general, Ángel Acebes: “El proyecto de Zapatero es el proyecto de ETA”.
La diferencia entre lo predecible y la confirmación por los propios eventos de lo predicho no es sólo de tiempo, sino especialmente de percepción. Aunque se vea venir una conducta o forma de proceder, hay muchos —la mayoría— que prefieren seguir ciegos. “No creo que se atreva a tanto”, suelen decir para tranquilizar sus conciencias y evitar actitudes comprometedoras. Pues bien, Zapatero se atreve, y las cosas suceden.
Es la hora en que los ciegos políticamente empiezan a ver, sin necesidad de que se produzcan milagros. Y en consecuencia es también la hora en la que los iluminados empiezan a perder suelo. Zapatero ha entrado en el espacio en el que le aplauden los terroristas. “Vamos ganando”, clama Otegi. Y ha salido del espacio del mundo democrático. “Se ha producido un retroceso en términos democráticos”, le acusa directamente desde las propias filas socialistas, Rosa Díez.
¿Qué es lo siguiente? Zapatero ha entrado en el círculo infernal. Siente que su futuro y el de su proyecto de un nuevo régimen antiliberal depende de sus pactos con los terroristas, y eso acelera su estrategia deslegitimizadora de la oposición democrática y de todo aquel que se oponga a sus objetivos. Ha empezado a hacer lo propio de un político de la izquierda radical: envolverse en una bandera pacifista para justificar una eventual alianza con los terroristas.
“No voy a consentir que nadie cuestione la mejor oportunidad para la paz”, dijo Zapatero el otro día. Quien hasta hace poco vendía buen talante y diálogo dice que ya no va a consentir.
Si los socialistas han acusado al PP de utilizar su oposición al Estatuto “contra Cataluña”, también dicen que la oposición al diálogo con los terroristas es “un obstáculo contra la paz”. Son discursos genuinamente totalitarios y por tanto despreciables. La misma idea de vender como un proceso de paz lo que en la práctica supone ceder a las exigencia de la banda terrorista, produce rechazo.
Hay quien piensa que este “argumento electoral” puede concitar el apoyo de la mayoría de los electores. Dando así por supuesto —está implícito en el razonamiento— que la sociedad española prefiere rendirse a los terroristas, antes que defender la democracia y todo lo que representa como modelo de vida, libertades y bienestar. Mi opinión es muy distinta. Cuanto más radical es el proyecto, mayor es el rechazo al mismo.

Al nacionalismo por el terror

El Mundo 06/06/06

VICTORIA PREGO

Al nacionalismo por el terror
Girona. Le pegaron y después se abalanzaron sobre él y sobre el puñado de personas que le acompañaban. El periodista Arcadi Espada, colaborador de EL MUNDO, se convirtió ayer así en una víctima del terror que los independentistas radicales catalanes están dispuestos a ejercer sobre cualquiera que se atreva a negar los postulados de esa religión violenta que ellos practican. Pero la camada negra de fascistas catalanistas que esperaban a los miembros de Ciutadans de Catalunya a las puertas de la Fundación de la Caixa, en Girona, para atacarles, insultarles y, a la postre, impedir que pudieran exponer sus puntos de vista críticos con el Estatuto, no sólo ejerció el terror, antes y después del acto, sobre los participantes. También lo hizo sobre el público que se había atrevido a acercarse al lugar para escuchar a una minoría de hombres y mujeres que disienten de la doctrina oficial. «¡Hijos de puta, fascistas, fuera de aquí!». «¡Franco, Franco, Franco!».Éste era el clima ayer tarde en Girona, a las puertas del edificio donde los miembros de Ciutadans de Catalunya habían anunciado que se disponían a explicar, modestamente, al público sus puntos de vista sobre el Estatuto catalán. Diez minutos antes de las 19.30 horas, los energúmenos invadieron el diminuto vestíbulo, dispuestos a agredir a quienes se les enfrentaran. Y sucedió.Los primeros ciutadans que quisieron razonar con ellos recibieron todos los insultos imaginables: «¡No me hables en esa lengua, que no la entiendo!», vociferaban a uno que se dirigía a ellos en castellano. «¡Esa es una lengua impuesta por Franco, por una guerra y, si no sabes Historia, no la manipules y cierra la boca!».No sólo eran amenazas verbales. También hubo amenazas físicas.Yo misma estuve a punto de recibir una bofetada de manos de un hombre mayor, de unos 50 años. No se trata, pues, de unos adolescentes descarriados. El grupo de fascistas estaba capitaneado por cuatro o cinco adultos que organizaban la acción.

De todos modos, esperaban a los intervinientes, que llegaron pasada la hora. Fue el momento en que la violencia se desató, entre empujones, insultos e intentos de forzar la puerta de seguridad que daba entrada a los ascensores. Fue entonces cuando el mismo sujeto que había amenazado físicamente a otras personas, incluida yo misma, se acercó a Arcadi Espada, que intentaba abrirse paso entre los agresores y le pegó por detrás. Le dio, yo estaba entre ambos, un fuerte golpe en la cabeza. Espada se volvió instintivamente y le soltó una patada. No una patada en las espinillas: una patada alta. Pero no le dio. Y el sujeto, aullando palabras de odio, se lanzó contra Espada y contra sus acompañantes. Los Mossos d'Esquadra, mientras tanto, esperaban en la cuarta planta a que llegara la comitiva.

Pero no todo terminó ahí. Una vez finalizada su intervención, a la que asistieron finalmente 40 valientes como si fueran cristianos en las catacumbas, el grupo tuvo que aceptar la humillación de abandonar el local por la puerta de atrás, flanqueado por varios mossos de paisano. Pero la camada negra apareció de inmediato y durante cientos de metros nos siguió en un paseo que infundía pavor. Aullando «¡inmigrantes, iros a España!» y gritos a Terra Lliure, el grupo terrorista responsable de numerosos atentados durante la Transición, acosaron a los presentes, que tuvieron que refugiarse en un portal hasta que un grupo de antidisturbios llegó por fin a protegerles de esta manada de delincuentes políticos que pretende destruir la disidencia a base de terror.